Historia de Jaca

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La ciudad de Jaca cuenta con una historia muy dilatada que desde varios siglos antes de Cristo ha ido forjando su identidad. Paso fronterizo, fortaleza militar, aldea de agricultores, sublevamientos militares, residencia real.

La historia de Jaca es una historia rica, forjada a través de los siglos; aunque sus orígenes son inciertos, se considera que fue fundada en el primer milenio antes de Cristo por un pueblo ibero: los jacetanos o iacetanos, que acuñó moneda con el nombre de I.A.C.A. Esta tribu llegó a ocupar un extenso reino que iba desde los Pirineos hasta Huesca y Lérida y cuya capital estaba en Jaca (Iacca). Se dedicaban al pastoreo y las mujeres a la agricultura complementaria.

Era una villa llena de vida, lo que demuestran las excavaciones arqueológicas aunque tiempo después fue sometida a los invasores romanos, el cónsul Marco Poncio Catón, que la conquistó al comienzo de este siglo. Fue el año del 194 antes de Cristo cuando las tropas romanas pusieron sitio a la ciudad-fortaleza de los iacetanos, les engañaron colocándoles frente a las murallas a sus tradicionales enemigos: el pueblo de los suessetanos. Los jacetanos, al ser tradicionalmente un pueblo muy agresivo, salieron confiados a alejar a sus intrépidos vecinos, y cuando estaban en campo abierto se encontraron con los ejércitos romanos que, saliendo de los bosques vecinos, les impedían volver a su fortaleza que estaba únicamente ocupada por mujeres y niños, no tardo en caer en manos romanas.

Al amparo del imperio romano, se convirtió en punto de vigilancia de los caminos del pirineo y gracias a esto pudo convertirse en una prospera ciudad gracias al comercio. Pero, un siglo mas tarde los bandidos que la asolaban quitaron importancia al comercio y como resultado a la cuidad.
Después de los romanos la cuidad fue invadida por los Godos y se conoció como Apriz.
En las montañas de Jaca se salvaron muchos cristianos cuando la invasión de los árabes y aquellos fugitivos fueron el núcleo del reino de Aragón. Aznar, el primer conde de Aragón, en el año 780, ganó a los moros la ciudad de Jaca, esto es conocido como el primer viernes de Mayo, fiesta que se celebra aún en la actualidad. La figura central de la esta batalla es el conde Aznar Galíndez, un noble visigodo que gobernó los valles de Echo y Canfranc con el reconocimiento de Carlomagno. Este tuvo que poner a prueba su capacidad de gobernante para lograr defender la codiciada plaza de Jaca. Su mayor logro fue que los jacetanos le secundaran en la batalla ante el moro invasor.

Jaca conmemora la gesta de sus antepasados desde hace varios siglos. En el siglo X se levantó la Ermita de la Victoria en el lugar donde supuestamente se libró la batalla. (Hoy, es el cementerio de la ciudad). Desde entonces, los jacetanos bajan cada mañana del primer viernes de Mayo a este paraje y sustituyen las lanzas, las espadas y los escudos con los que lucharon sus antepasados por un buen almuerzo. Después, siguiendo fielmente los pasos de las huestes del Conde Aznar, todos regresan a Jaca para el desfile. Cerca de dos mil jacetanos participan en el desfile de la victoria.

Desde mediada la década de los 50 se incorpora a la fiesta el Himno del Primer Viernes de Mayo, compuesto por Eugenio Villacampa y José Luis Ortega Monasterio. Se convierte rápidamente en seña de identidad de la ciudad.
A partir de este hecho y de algunos mas, los condes de Aragón comienzan a interesarse por Jaca, dándole prosperidad. Ramiro I de Aragón estableció en la ciudad sede episcopal con la autoridad del papa Nicolás II, en el 1064.

Jaca se comienza a consolidar como plaza militar desde la que defender los reinos peninsulares de una hipotética invasión francesa. A este respecto, Felipe II ordenó la construcción de varias fortalezas a lo largo de todo el Pirineo entre las que destaca la Cuidadela de Jaca.

Tiempo después la dinastía aragonesa se vincula a la meseta jacetana y comienzan a establecerse en ella. Como resultado de esta presencia, a mediados del siglo XI los reyes aragoneses poseen en Jaca una importante explotación agrícola en la que residen largas temporadas y que les produce importantes ingresos , aparte de permitirles el control del paso de mercancías por los caminos del Pirineos. Razones todas ellas de peso para que el rey Sancho Ramírez la convierta en ciudad para establecer una capital para gobernar el ya poderoso reino de Aragón que fundara su padre Ramiro I.

En los primeros meses del año 1077 el monarca concede el famoso Fuero y en él escribe que desea "constituir una ciudad en mi villa que es llamada Jaca", tarea en la que quiere contar con la ayuda de hombres libres y comerciantes atraídos por una serie de importantes concesiones personales y económicas que acabarán convirtiendo a la antigua villa agrícola en una ciudad comercial y cortesana, residencia de los reyes de Aragón y centro clave en el Camino de Santiago.
Los edificios de la antigua villa real siguen atendiendo a presencia de la casa real y sus servidores mientras la reformada iglesia del monasterio de San Pedro comienza a ser insuficiente para convertirse en el escenario de los grandes acontecimientos reales. A estas razones para construir una nueva y espaciosa iglesia se une la necesidad de contar con una catedral en la que resida el obispo de Aragón que, desde ese mismo año 1077, ha comenzado a denominarse Obispo de Jaca.
Además de esto Jaca ha tenido repercusión en algunas otras guerras, como la de sucesión o la república, aunque lo que le da la importancia que tiene históricamente es esta etapa de riqueza intelectual,como capital del reino de Aragón, que la ha dotado de importantes monumentos como la catedral, la joya de jaca, que muchos consideran una de las claves para entender el románico y la arquitectura europea de la época.

En conclusión Jaca es una mezcla de culturas y épocas que han dejado su impronta en esta bella villa que hoy se ha convertido en la perla del Pirineo, con una extensa historia, Jaca.

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